
Prima Mater
Materia prima, barro sin forma que como fantasía emerge en mi sueño intentando ser atendido y entendido. Amarillo en líneas rectas que representan la materia, intentando transmutarse y verse como círculos pintados en azul.
Tormento interior Kandinsky. El método es rojo, rojo porque es fuego, fuego que la calienta destilando así su esencia, separando lo ‘sutil de lo denso’. La vasija se calienta y el calor se hace insoportable; se escuchan los gruñidos del lobo, con sus patas golpea el interior intentando liberarse del fuego abrasador.
Cuantas veces he estado allí guardado e intentándolo, en muchas ocasiones he tratado en vano. El fuego de Aries nunca es suficiente, la sola buena voluntad es poca cosa para la primera etapa de la Gran Obra. Fuego del Sol que habrás de aprender a mantenerte vivo y silencioso como el carbón encendido del Centauro.
Calcinatio, combustión continua, tormento interior, la mente literalmente no se detiene. El sueño escaso permite en largas horas de desvelo la escritura. La materia prima se transforma por la acción del fuego, voluntad y anhelo de nacer, de cobrar nueva forma. La misma materia, es prima mater, la tarea penetrar en ella, sumergirse en tus heces, nigredo, putrefacción necesaria para conocer así tu sombra.
La sombra empieza a emerger, su forma es muy genérica, engañosa por su apariencia el detritus, lo que queda. Materia vil, baja indigna de ser moldeada. Pero el alquimista sabe que es con ella su trabajo. La toma pues en sus manos y comienza el trabajo de “ayudar a dios a completar su obra” pues es evidente que le quedó mal hecha.
Él presiente que algo está a punto de nacer, o mejor aún, que él mismo ya está colocado en el cuello uterino para dar paso a su nacimiento. Todo está listo y empieza a moldear. Abraxas, cielo e infierno se hacen presentes; de la piedra bruta sale el mejor mármol, piedra cúbica en forma femenina, el afecto; ánima nace y le completa; el alquimista hace silencio y en su soledad, se admira de su obra.